Introspección
No sabía exactamente qué día era, hasta que te ví.
La introspección es como un viaje a través de las serenas aguas de nuestro ser, donde los pensamientos y emociones danzan en silenciosa armonía. Es detenerse, cerrar los ojos y escuchar el latido de nuestro propio ser, explorando los rincones más profundos en busca de comprensión y claridad. Es un momento de autoexploración que, aunque humano, puede traer consigo una sensación de triste soledad al enfrentarnos a nosotros mismos en el espejo de nuestra alma.
Contemplo las respiraciones del alma, en búsqueda de esa luz interior que pueda encender la llama de nuestra esencia. Pero encontrar la razón detrás de nuestras acciones y deseos puede ser como descifrar un enigma, una tarea compleja que nos enfrenta a nuestra propia naturaleza humana. Es la búsqueda constante de la estabilidad emocional, de satisfacer los anhelos más profundos y bellos que yacen en nuestro ser.
Cierro los ojos por un instante y reflexiono sobre el camino recorrido, sobre las experiencias que me han moldeado hasta ser quien soy. La luz que ilumina mi rostro es la misma que brilla desde lo más profundo de mi ser, una conexión entre mi mente y mi corazón que actúan como guías en este viaje de autodescubrimiento.
"Debe ser la introspección", pienso con certeza. ¿Es la misma paz que experimentamos al abrir y cerrar los ojos? ¿O acaso nos enfrentaremos a una oscuridad eterna al cerrarlos, donde solo el eco de nuestro propio ser nos acompañará en este viaje?
En el umbral de la existencia, nos asalta la pregunta sobre el destino del alma cuando abandonamos este mundo, cuando nos reducimos a cenizas y nuestros seres queridos solo poseen el eco de nuestros recuerdos. Me pregunto sobre la muerte, cara a cara, cómo sería cerrar los ojos y encarar una realidad que todos aguardamos con temor y ambigüedad. Nos recuerda que el tiempo fluye inexorablemente, aunque pretendamos ignorarlo.
El cerebro desaparecerá, así como el corazón, y todo lo que nos compone; ni siquiera quedarán los ojos o la piel que envuelve nuestro ser. Entonces, ¿qué será de nosotros? Aparte de los fragmentos de recuerdos, los evocadores aromas que nos asaltan cuando nuestros sentidos ya no existen. ¿Realmente somos conscientes de nuestra no existencia?
Comprendo a aquellos que no se sienten del todo humanos, como yo. A veces, cuestiono si esa etiqueta nos define adecuadamente o si es simplemente una clasificación científica. Sin embargo, cada uno de nosotros es único, con su propia magia y su alma. Es como haber ganado la lotería más grande, entre tantas posibilidades de ser otro, fuiste tú, al final. Es algo que me repito frente al espejo cuando me enojo, me frustro o me veo abrumada por emociones tan intensas que ni siquiera mis dos guías saben cómo lidiar con ellas. Y entonces quedo solo yo, el ser que controla todo.
La paz que acompaña al sueño parece hallar su belleza en aquellos que buscan alivio de situaciones transitorias o simplemente anhelan un respiro. Pero, ¿qué destino aguarda al descanso eterno? Esa noción celestial que no ofrece garantías, solo una esperanza que guía nuestros pensamientos día a día, dejando un simple grano de sal en el gran festín social. Si el corazón fuera la llave para encontrarnos a nosotros mismos, lo abrazaríamos sin cesar, pues nuestra autenticidad reside en lo más profundo de nuestro ser.
La palabra "ser" me resulta fascinante, cargada de significado y esencia, una identidad única y valiosa pero a menudo pasada por alto. Si llegara el día en que ya no pudiéramos soñar, cuando nuestros cuerpos se reduzcan a polvo en el vasto universo, tal vez ese ínfimo fragmento de nosotros cobraría importancia, como una constelación radiante en el firmamento. Si me permitieran elegir, optaría por tener ojos para contemplar el espacio, las estrellas y todo cuanto nos rodea día tras día. Aun así, nos vemos absorbidos por preocupaciones mundanas, como el trabajo o la escuela, obligaciones que, aunque necesarias, palidecen ante la verdadera belleza de aprender y crecer.
Desearía poder sumergirme en el mundo de los sueños, pero a veces una siesta se siente como un simple parpadeo, un desvanecimiento momentáneo, y al abrir los ojos de nuevo, la sensación de descanso no siempre está presente. Mi mente sigue agitada, mi corazón aún late, y me encuentro enfrentando las secuelas de mis propias ensoñaciones, las cuales a veces me dejan inquieta, sin poder conciliar un sueño reparador.
Me pregunto qué sucedió en ese mundo onírico, pero a menudo no encuentro respuestas. Pretender que el despertar marca el fin de todo puede ayudarnos a superar una situación, pero también nos deja en un estado de soledad, como dos almas entrelazadas por un destino compartido. Existe una conexión, una clave en común que nos mantiene unidos, como dos seres que se observan mutuamente, admirando la belleza de simplemente existir en ese momento.
Visualizo dos almas separadas por un cristal delgado pero vasto, una separación que, aunque física, no impide que sus manos se rocen, que sientan la cercanía de la piel a través del vidrio. Es una intimidad que va más allá del simple acto de amar, una conexión en su forma más pura. Cuando cerramos los ojos, nuestros sentidos pueden atenuarse, pero tú, en ese momento, estás presente en tu totalidad.
Entonces, reflexiono sobre la dualidad del cerebro y el corazón, dos entidades separadas, al igual que yo misma.
Es como ganar la lotería máxima, nacer como soy, ser quien fui y pensar lo que estoy pensando en este momento. El valor de una persona no puede medirse, ya que el verdadero valor reside en nosotros mismos, en nuestra esencia y en nuestra existencia.
Escuchar tu voz es como escuchar a los ángeles, mientras que el latido del corazón me llena de alegría y emoción. Son los pequeños detalles los que realmente importan, las cosas simples que nos hacen sentir vivos y conectados con el universo.
A veces, me pierdo en la búsqueda de mi propia esencia. Cuando intento tocarme, un vacío en mi estómago me asalta, mientras lágrimas brotan de mis ojos y se deslizan por mis mejillas. Son estas sombras de mi vida las que obstaculizan mi autoexploración, como una tinta oscura que mancha mi ser. Pero tu contacto es diferente, suave como una caricia del viento en la mañana. Tus dedos, etéreos y delicados, danzan sobre mi piel, mientras observas mi corazón latir al ritmo de mis palabras. Exhalas, y siento el calor de tu aliento acariciando mi rostro, un aliento impregnado de pasión y anhelo, un aliento que desearía compartir contigo por toda la eternidad.
Tus manos, tan delicadas como las de un ángel, siempre han sido mi guía, iluminando mi camino en la oscuridad. Tu presencia ha transformado mi existencia de una manera que no puedo explicar con palabras simples. Cada toque tuyo es como un bálsamo para mi alma, una bendición que sostengo con gratitud infinita.
Quizás no necesito ser comprendida por completo, porque sé que a menudo soy un enigma incluso para mí misma.
Al igual que cada uno de nosotros es único, también poseemos formas singulares de procesar nuestras experiencias, nuestros pensamientos y nuestras lecturas. Algunos pueden no comprenderlo, mas otros hallarán la belleza en esa manera tan desconocida pero exquisita de describir algo más allá de una simple sensación, más allá de un mero encuentro. Son nuestras respiraciones, nuestro ser fusionándose en un nivel más profundo, como una danza cósmica que entrelaza nuestras almas en un éxtasis etéreo.
La introspección es una práctica que suelo llevar a cabo al escribir, un diálogo interno conmigo misma. Es como una conversación íntima, algo que no puedo describir con simples palabras, pero es precisamente lo que estoy haciendo ahora mismo: vertiendo mi esencia por el arte, por la belleza, por la pureza, con la esperanza de otorgar sentido a mi existencia. Y así, cuando llegue el momento final, podré reflexionar que todo lo que hice fue digno de ser vivido.
Dicho de esta manera, es una verdadera maravilla, una expresión de arte en sí misma, y ese amor lo transmito con todo mi ser. Es el latido de mi alma, y al mismo tiempo, su sosiego. Cuando me encontré con tu mirada, recordé el propósito de mi presencia aquí, recordé todo lo que hice para llegar a este momento. Si hubiera tomado otro camino, quizás no habría sido testigo de esta belleza. Y si por casualidad mis ojos no se abrieran después de este sueño, la oscuridad envolvería mis sentidos, y la ausencia de latidos en mi corazón causaría una extraña inquietud. Las marcas que dejaste en mi piel suave son como rastros, ilusiones que todavía puedo sentir al rozarlas con la mano. Aunque el tiempo pueda borrarlas,aseguro de que están allí, pero el tiempo, me dice que no, entonces, me doy cuenta de la poca importancia de la suposición, de que la chance, también es un gran afectador de nuestro día.
Márcame como una hoja en blanco, esperando ser impregnada por la tinta más oscura, una oscuridad tan profunda que podría envolvernos a ambos.
Pero en medio de esa oscuridad, sé que estarás a mi lado, porque encuentro tu calor cuando mis labios besan los tuyos.
Comentarios
Publicar un comentario