Simplemente otro tipo de amor

Existe una forma de amar, que es simplemente, otro tipo de amor.


Dijiste algo sobre expectativas

manejé un rato en silencio
tratando de entender
por qué algunas palabras duelen más que otras.

Después apareció un pensamiento extraño,
irracional.
Como si algo estuviera a punto de decirse
y ninguna de las dos quisiera ser la primera en escuchar.

Al final solo dijiste
que me querías mucho.
Lo repetiste
como si la frase necesitara tiempo
para encontrar su lugar.

Y por un momento
parecía que había otra cosa más
detrás de esas palabras.
Algo que ninguna de las dos
iba a decir esa noche

Al principio la conversación siguió, como si los papeles ya estuvieran asignados.

Un suspiro de realidad, aceptando que antes todo era diferente, dicho casi como quien encuentra una fotografía antigua y no reconoce del todo a la persona que aparece en ella.

Es una emoción curiosa, de esas que aparecen antes de saber dónde colocarlas.

Mi pecho se salta de a tirones
cada vez que estoy cerca de tocarte un pelo.
Desde el día en que te conocí
comencé a cambiar.

Y cuando esa presencia está cerca
parece que no hace falta nada más.

Hay una versión de mí que cree entender lo que está pasando.

Y otra que se queda mirando la ventana esperando que algo caiga del cielo y lo explique.

Hay palabras que se dijeron
y otras que quedaron suspendidas
en algún lugar entre las dos.

Todo parece simple cuando la cercanía ocurre, o tal vez solo lo parecía.

Existe una forma de amar, en la que escuchar tu voz, basta para absolver cosas que nunca se dijeron.

El deseo de saber más de vos siempre aparece,
pero también la sospecha
que al entender demasiado
algo en mí se rompería. 

Quizás por eso dejamos las cosas
en una zona ambigua
donde el ego puede fingir
que todo esto es solo imaginación.

Entre eso
y nuestro amor paradójico.

Hubo un momento en el que mi nombre fue pronunciado de esas maneras en las que te gustan a vos, cómo si te perteneciera.

La etiqueta que usamos después fue idea mía.

Tal vez hacía falta una palabra para que el silencio no pareciera tan grande.

Incluso envuelta en las sábanas, apareció esa tristeza inesperada de comprender demasiado.

Mejor no decirlo.

Existe alguien que vive en algún lugar de mi corazón.

Pero todavía no puede convertirse en nada.

A veces mentirnos un poco
es la única forma honesta
de permanecer cerca.

Porque si miramos demasiado
el punto exacto donde nos encontramos
quizás descubramos
que no podemos quedarnos ahí.

Las palabras, después de todo, no saben sostener geometrías tan raras.

Porque algo sigue existiendo
aunque nadie lo confirme.

Algo que se parece al amor.

Simplemente, otra forma de amar.

Hay una pequeña mentira
en cierta reacción tuya.

Tal vez por eso debería entender
por qué a veces tus palabras
se detienen justo antes de llegar.

Pero hay momentos en los que tu voz se queda un segundo más de lo necesario.

Como si también estuvieras midiendo la distancia exacta
entre lo que somos y lo que no queremos decir.

Simplemente. otro tipo de amor.

Funcionaba bien,
hasta que empezaste a mirarme
como si recordaras algo
que todavía no había ocurrido.

A veces parece
que los sentimientos no cambian.
Solo intercambian su lugar.

Se esconden
en la forma de decir un nombre
o en el silencio que queda después de una frase demasiado sincera.

Y aunque yo siga preguntándome en secreto; ¿Qué clase de relación necesita mentirse un poco para seguir existiendo?

Y aun así
cada vez que tus ojos me miran
algo en mi corazón
pierde la calma.

Escuchar tu voz todavía
altera el equilibrio
de cosas que ya había decidido.

Quizás por eso
prefiero no saber demasiado.

Pensé que era suficiente.

Pero a veces leerte demasiado arruina la calma
de mis decisiones. No es que no entienda lo que pasa, al contrario. Por eso mismo hay cosas que prefiero no decir.

Cuando alguien conoce demasiado bien los lugares de donde viene tu tristeza, también puede ver las cosas que intentás no repetir.

A veces parece sencillo.
Solo mantener todo donde estaba.

Hablar, reír, no mirar demasiado tiempo.

Pero hay momentos en los que algo se me escapa.

Una frase.
Una manera distinta de decir tu nombre.
La sensación incómoda de no querer que todo se reduzca
a una sola definición.

No ser “solo eso”. 

Y entonces aparece el pensamiento más peligroso:

Que quizás el problema no es lo que sentimos, sino, lo que podría pasar si dejamos de fingir que ninguna de las dos lo sabe

Quizás por eso
es simplemente
otra manera de amar.


 


Comentarios

♡